Mientras él piensa cosas con su cabeza de filósofo yo estoy saltando a su alrededor cantando a Shakira.
Mientras él ve un partido de fútbol en la tele yo estoy mirando las revistas que llegan con el diario.
Él adora las películas viejas, sin colores y con textos de lo más cursi. Yo lo miro, miro la pantalla, vuelvo a mirarlo y no me explico cómo puede ver eso teniendo cientos de canales incluido CDF.
Él se toma el ron sin coca, el pisco también. Yo nunca aprendí, me da asco.
Él se angustia pensando que la mitad de su vida ya pasó, y yo me desespero intentando explicarle que cualquiera puede morirse ahora, que sólo existe el presente, que si quiere vender la casa e irse a vivir a Siena, pues que vaya.
Él no entiende por qué soy contador auditor y no filósofa o artista.
Yo conduzco con el disco de Reel Big Fish a todo volumen, bailo en el asiento y canto con pasión. Él escucha a Serrat en el auto, mientras medita.
A veces, cuando yo estudiaba, estaba lloviendo refuerte y él no me iba a dejar al metro, para formar mi carácter. Decía que era parte de mi educación.
Él es control y disciplina. Yo trato, pero no lo consigo.
Yo puedo hacer que se ría como nadie más puede, porque él me enseñó a ser tallera y burlona.
Y siento que estoy viva porque él me enseñó a amar el conocimiento, y que nunca se acaban las cosas nuevas para aprender.
Yo me siento orgullosa de mis opiniones porque él las escucha.
Nadie disfruta como yo sus oraciones precisas y pesadas, y nadie como él entiende mis crisis existenciales.
Cuando él es paz, yo soy puro ruido. Cuando él es control, yo soy impulsos. Cuando él es solemne, yo me cago de risa. Y por alguna razón siento que somos tan iguales...en el fondo. El mismo fondo en opuestas formas.
A mi papá le gusta coleccionar vinos, siempre tiene varios y en su casa no se come sin él. Cuando yo vivía ahí no me gustaba, y ahora, en mi casa, no puedo comer sin mi copa de vino.
17 years ago




